Pluto, de ChaOPlaNoy: cuando amar también significa mirar de otra manera
10 de julio de 2026 · Texto: Pau Aguadero
¿Podemos amar más allá de lo que creemos conocer? En Pluto, ChaOPlaNoy construye una historia sobre deseo, identidad y mirada que convierte el romance GL en una reflexión sobre aquello que creemos saber de las demás personas y de nosotras mismas.

Bajo una premisa marcada por el intercambio de identidades y los secretos, la autora construye una historia que cuestiona nuestras certezas sobre el afecto, la identidad y la forma en que miramos a quienes nos rodean.
En un primer momento, Pluto parece responder a algunas de las convenciones más reconocibles del GL tailandés: secretos familiares, decisiones extremas y una intensa carga melodramática. Sin embargo, quedarse únicamente con esa lectura sería pasar por alto el verdadero alcance de la novela. ChaOPlaNoy emplea estos recursos para situar a sus personajes frente a sus propias contradicciones y obligarlas a enfrentarse a una verdad que ninguna está preparada para asumir.

El amor frente a lo aprendido

Uno de los aspectos más valiosos de Pluto es la manera en que cuestiona la heterosexualidad como norma social. Los personajes interpretan sus emociones a través de patrones de comportamiento aprendidos desde la infancia. De este modo, el deseo entre mujeres no aparece como una revelación inesperada, sino como una realidad que siempre ha estado presente y que, sencillamente, no había sido reconocida.

Más que convertir la orientación sexual en el eje central del conflicto, ChaOPlaNoy pone de manifiesto cómo las expectativas sociales pueden limitar incluso la forma en que comprendemos nuestros propios sentimientos.
La novela plantea así una cuestión especialmente interesante: hasta qué punto aquello que creemos saber sobre nosotras mismas nace realmente de nuestros deseos y cuánto responde a las estructuras desde las que hemos aprendido a interpretar el amor.

A ello se suma la representación de la discapacidad visual, todavía poco habitual dentro de la ficción romántica y especialmente escasa en el GL.

Lejos de convertirla en un recurso destinado a despertar compasión o intensificar el drama, la autora la integra con naturalidad en la experiencia cotidiana de la protagonista. Su discapacidad condiciona su manera de relacionarse con el entorno y la forma en que los demás la perciben, pero nunca eclipsa su identidad ni su capacidad para decidir sobre su propia vida.

En una historia atravesada por la mirada —literal y metafóricamente—, esta representación adquiere un significado especialmente relevante.

 

Pluto juega constantemente con aquello que vemos, lo que creemos reconocer y las certezas que construimos sobre las demás personas.
Quiénes somos bajo la mirada ajena

En última instancia, Pluto es también una novela sobre la identidad. No solo invita a preguntarse quiénes somos realmente, sino hasta qué punto la respuesta depende de la mirada ajena.

A través del intercambio de identidades y de los vínculos que se construyen entre sus personajes, ChaOPlaNoy plantea que la identidad no es una realidad inmutable, sino un proceso en constante negociación entre lo que sentimos, lo que mostramos y aquello que los demás creen ver en nosotras.

Es precisamente en esa tensión donde la novela trasciende los límites del romance para convertirse en una reflexión sobre el reconocimiento, la autenticidad y la complejidad de las relaciones humanas.

Con Pluto, ChaOPlaNoy demuestra que el romance puede convertirse en un espacio desde el que cuestionar las estructuras sociales que moldean nuestra experiencia afectiva.

Su mayor acierto no reside tanto en el desenlace como en las preguntas que plantea a lo largo del camino: qué significa conocer realmente a otra persona, hasta qué punto nuestros prejuicios condicionan aquello que creemos ver y si el amor puede sobrevivir cuando las certezas sobre las que se ha construido comienzan a resquebrajarse.

Más que ofrecer respuestas, Pluto nos invita a convivir con la incertidumbre. A mirar de nuevo. Y, quizá, a preguntarnos cuántas veces aquello que creemos conocer sobre las demás —o sobre nosotras mismas— depende simplemente de la forma en que hemos aprendido a mirar.

Tráiler oficial